Actualmente, las enfermedades neuropsiquiátricas constituyen un emergente e importante ámbito de evaluación e intervención de la neuropsicología clínica. La exploración de las funciones cognitivas incrementa y perfila, pero no permite establecer un diagnóstico, las observaciones conductuales y clínicas efectuadas durante una entrevista psicopatológica. Adicionalmente, la comprensión de la neurofisiopatología de los trastornos psiquiátricos se ha reforzado por el creciente uso de técnicas de neuroimagen. El surgimiento y desarrollo de éstas ha posibilitado el estudio in vivo de cambios estructurales y funcionales de los trastornos mentales. Las técnicas de neuroimagen estructural y funcional permiten explorar, evaluar y medir cambios en el volumen, forma, función y conectividad en diversas patologías mentales. De hecho, toda evaluación cognitiva debe considerar conjuntamente los resultados de las pruebas psicométricas administradas con los datos de la exploración psicopatológica efectuada y de los estudios de neuroimagen, y valorar ambas informaciones de acuerdo con los conocimientos neurofisiopatológicos de una determinada enfermedad psiquiátrica. Sin embargo, la evaluación neuropsicológica y de neuroimagen en neuropsiquiatría presenta unas particularidades que hay que considerar. En relación con la primera, la naturaleza más sutil de los déficits cognitivos y la afectación preferente de determinadas funciones (atención, memoria de trabajo y funciones ejecutiva s) deben contextualizarse de acuerdo con la inteligencia general del paciente, años de escolarización y contexto sociocultural. En relación con la neuroimagen, hoy por hoy, todavía no está establecida la forma cómo dichas técnicas pueden ser una prueba clínica complementaria rutinaria que permita obtener datos para ser utilizados en el proceso diagnóstico o en las decisiones terapéuticas.



