El lenguaje, entendido como el formato de comunicación más desarrollado por el hombre, se considera un complejo sistema, único y particular, que sigue siendo el patrón de distinción clave del ser humano en el contexto del desarrollo filogenético. Una serie de pasos biológicos primarios ultimados por las condiciones ambientales y las necesidades fundamentales de la vida en grupo dio lugar a formas más complejas en el desarrollo del lenguaje. Para la mayor parte de autores, no sólo en el sentido neurobiológico, sino en acepciones tan diversas como la filología, la lingüística, el arte, la foniatría, la logopedia, etc., existe un punto de coincidencia elemental: el desarrollo del lenguaje guarda una estrecha relación con el desarrollo del intelecto y los procesos corticales superiores más elaborados.
De esta forma, se considera que el lenguaje humano es producto de la relación de una serie de estructuras y sistemas cerebrales preexistentes que han madurado y se han expresado en la medida en que ha surgido la necesidad de comunicarse, basados en una estructura del conocimiento acorde a la experiencia humana, es decir, el dominio conceptual o modelo cognitivo.
La plasticidad neural derivada de los procesos adaptativos en la evolución o el fenómeno del bilingüismo y/o multilingüismo cada vez más frecuente en un mundo globalizado, así como procesos compensatorios ante lesiones específicas, ha demostrado la versatilidad con la que el lenguaje ha cambiado, haciendo de él un proceso complejo, que involucra una circuitería cerebral multipropósito con alcances extraordinarios en la comunicación humana, tanto en el proceso normal como en el patológico..



