El estudio científico del comportamiento ha permitido reconocer la gran importancia de los procesos de aprendizaje en la génesis y mantenimiento de las adicciones. Conocemos más de las adicciones químicas que de las no químicas, porque las primeras suponen un grave problema psicosocial en muchas sociedades modernas y se ha investigado mucho sobre los posibles mecanismos psicobiológicos que las sustentan. Ello se ha debido también, en parte, a que se han conseguido buenos modelos animales para el estudio experimental de la adicción a las drogas, algo que ha sido más difícil en el caso de otras adicciones. En todo caso, podemos decir que hoy entendemos mejor que antes los posibles mecanismos psicobiológicos que parecen participar en el inicio, mantenimiento y recaídas en las adicciones químicas e, indirectamente, los de los otros tipos de adicciones. A este respecto, destaca la importancia de los sistemas mesocorticolímbico dopaminérgico, opioidérgico y endocannabinoide como los sustratos neurales primarios de los efectos reforzadores positivos de todos los reforzadores, ya sean naturales o artificiales. Además, el cuerpo de conocimientos que los hallazgos que la experimentación animal ha ido asentando durante años ha contribuido al desarrollo de los actuales estudios de neuroimagen en humanos, los cuales están confirmando muchos de los supuestos que la investigación animal hacía sobre las adicciones.

Un aspecto intrigante de las adicciones es que no sabemos por qué unos sujetos se hacen dependientes del reforzador y otros no, de modo que sólo podemos decir que ese fenómeno es consecuencia de la influencia simultánea de dos grandes factores, el ambiente psicosocial y la susceptibilidad del sistema nervioso del sujeto, y que la exposición continuada al reforzador se traduce, tarde o temprano, en neuroadaptaciones específicas que afectan a la fisiología cerebral. Aún sabemos poco de los cambios que se producen a niveles celulares y moleculares, pero son claras las modificaciones neuroanatómicas y funcionales en regiones cerebrales que participan en la regulación de la motivación, del aprendizaje y la memoria, y de la toma de decisiones, además de en las de la recompensa cerebral. En el caso particular de las drogas, es probable que, a través de la actuación de estas sustancias en esas regiones, se facilite la mayor vulnerabilidad que manifiestan algunos individuos. Esto es, en aquellas personas en las que, en la fase de las exposiciones iniciales al reforzador, éste produzca un aumento en la función de regiones cerebrales reguladoras de la motivación y del aprendizaje y la memoria, así como una disminución en las de recompensa cerebral y toma de decisiones, es más factible una transición hacia la dependencia. Por otro lado, se sabe que, aun después de dejar de consumir, esas neuroadaptaciones se mantienen en el tiempo y contribuyen a las recaídas en presencia de factores psicosociales específicos. Así, parece que esas neuroadaptaciones promueven aún más vulnerabilidad, dificultando la extinción de la dependencia y manteniendo el comportamiento adictivo con gran desconcierto y desesperanza para el propio paciente, su entorno familiar y los profesionales que le han ayudado previamente.

Hay reforzadores muy poderosos en sí mismos en el control del comportamiento, como pueden ser la ingesta de comida y de bebida, las relaciones sexuales o las drogas, y, debido a ello, más que preguntarnos por qué hay personas que se hacen dependientes y otras no, deberíamos cuestionarnos por qué no somos todos adictos a esos reforzadores. La respuesta parece estar en la gran influencia protectora de algunos factores psicosociales. En el caso de las drogas, algunos de esos factores han demostrado su eficacia en contrarrestar los efectos adictivos de esas sustancias en experimentos con animales, particularmente el castigo, el aumento del coste de mantenimiento de la conducta adictiva y el ofrecimiento de reforzadores alternativos a las drogas. Así, ciertamente, con los datos actuales se puede decir que, en la mayoría de los casos, si unas personas se hacen adictas y otras no, probablemente se deba a que no han estado presentes factores psicosociales protectores o no han sido suficientemente efectivos.