El control de la musculatura esquelética permite a los animales actuar sobre el medio con el objetivo de favorecer la supervivencia. El plan de una acción comienza cuando la actividad neural de la corteza prefrontal establece un objetivo. Los ganglios basales eligen la secuencia de programas motores para lograrlo. Estos programas son activados en las áreas motoras del cerebro que comandan las neuronas motoras del tronco encefálico o de la médula espinal y que, a su vez, activan los grupos de músculos que mantienen la postura corporal y producen el movimiento de los miembros, de las cuerdas vocales y de los músculos de la cara y el cuello. El cerebelo monitoriza la ejecución de esos programas motores y durante su curso hace las correcciones necesarias para que los movimientos sean eficaces, teniendo en cuenta los cambios en el centro de gravedad del cuerpo y la retroalimentación sensorial del movimiento real frente a su objetivo. Este complejo sistema de control motor convierte a los animales, y especialmente a los humanos, en seres que, además de responder a los cambios en su medio, son capaces de modificarlo.