La visión es la modalidad sensorial más importante de los primates, incluido el ser humano. La complejidad del órgano receptor de la luz, la retina, y la gran cantidad de corteza cerebral dedicada a analizar información visual confirman la relevancia de este sentido en la evolución de nuestra especie. Debido a ello, es la modalidad sensorial más estudiada por psicólogos, fisiólogos y anatomistas del ámbito de las neurociencias. El procesamiento de la información visual se inicia con la transducción de la energía electromagnética por los fotorreceptores de la retina en potenciales de acción que se enviarán al tálamo y, de allí, a la corteza cerebral. En primates se han descrito más de 30 áreas corticales dedicadas al procesamiento de señales visuales, 25 de las cuales son unimodales. La corteza visual primaria o estriada se halla en el lóbulo occipital. Esta región cortical proporciona el primer análisis de la orientación, el movimiento, la forma y el color de las señales visuales que proceden de las vías magnocelular, parvocelular y coniocelular del núcleo geniculado lateral del tálamo. El análisis de la información se canaliza desde la corteza estriada a través de dos rutas que se inician en la corteza extraestriada. La denominada corriente ventral se proyecta a la corteza temporal inferior y procesa la forma y el color de los objetos. La corriente dorsal se proyecta al lóbulo parietal posterior y analiza el movimiento y la localización de los estímulos en el espacio. Las lesiones de regiones que involucran la corriente ventral o dorsal causan agnosias visuales y problemas en la guía visual del movimiento.



